Bangkok, tres días de locura asiática

Había leído mucho sobre la capital de Tailandia, había visto reportajes y varias películas donde Bangkok es protagonista pero la realidad supera a la ficción. La ciudad más mediática del sudeste asiático te activa los sentidos desde el primer momento.

Comenzando por el principio, el vuelo es largo, el nuestro fue con escala en Abu Dhabi, donde lo único que me alcanzó la vista fue para ver las plataformas petrolíferas desde el avión y varios burkas en la terminal, algo que choca si no estás acostumbrado. El famoso jetlag es una realidad cuando aterrizas en una ciudad con gran humedad y temperatura, era pleno agosto aunque allí no entienden de meses cambiantes. Después de embarcar un día por la mañana, llegamos al siguiente al amanecer. Digo llegamos porque fui con mi compañera de viaje en la vida, Nuria, coprotagonista de este post y seguro que de muchos otros. Concretando, tienes que empezar un día con la reserva, casi sin batería, y se hace duro pero digno de experimentar.

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El tuk tuk, transporte estrella en Bangkok

Ese estado somnoliento del debut nos lleva al primer consejo: cuidado con los amables “guías” sin ánimo de lucro. Lo había leído pero caí igualmente. Te encuentras un señor por la calle que te ve perdido y deshidratado, te orienta y te dice que donde quieres ir está cerrado, me lo creo porque es domingo y nos aconseja una alternativa, un paseo en barco por el viejo Bangkok, navegando por los antiguos canales de la ciudad. Nos parece buen plan y accedemos a probar, el hombre detiene un tuk tuk que económicamente nos lleva a un muelle, donde otro señor nos pone precio al paseo de una hora. Le decimos que no, lo vemos caro y hace una bajada considerable. Finalmente cerramos el trato por 1300 baths y nos damos nuestra primera vuelta por las profundidades de Bangkok, en un long boat de madera y en exclusiva. Merece la pena porque es la única opción de ver esos canales dignos de una peli chunga, pero luego nos dimos cuenta que nos salió caro comparado con otros planes que hicimos los días posteriores. Novato paga plato, como diríamos en los 90.

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Long boat en los canales de Bangkok

Superado el día en las nubes, descubrimos la noche de nuestro “barrio por tres días”, Khao San y sus alrededores. La famosa calle de los mochileros, donde se alojó Di Caprio antes de conquistar La Playa, es un hervidero de puestos de ropa y comida, algún escarabajo con mala pinta, bares con luces de neón, salones de masaje a pie de calle y turistas, muchos turistas. Si pensabas que estabas muy lejos de casa como para cruzarte con alguien similar a tí, enseguida te das cuenta que no has tenido una idea exclusiva. Las calles de Bangkok están llenas de españoles, no había visto nada igual en mi mundo conocido desde el spanish Londres. Te cruzas con gente hablando tu idioma constantemente, algo que hace que cojas confianza con tu entorno. Volviendo al barrio, nos alojamos en la zona tranquila de Soi Ram Buttri, recomendable si quieres tener a mano el jaleo y la zona histórica de Bangkok.

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Khao San,  famosa calle de Bangkok

El día de templos es básico, están por todos lados pero nos centraremos en los más importantes. El Gran Palacio es espectacular, un conglomerado de construcciones, colores y budas que te dejan ensimismado. Consejo importante para chicos y chicas: no os resistáis a vestir pantalón largo y hombros cubiertos por respeto a su religión. Tuvimos que hacer la cola dos veces para comprar unos y aguantar las peores caras del viaje por parte de los militares que custodian el recinto. Buen negocio el que tienen los comerciantes de los alrededores, que reciben colas de turistas despistados y no les hace falta ni regatear. La siguiente parada está en el templo de Wat Pho, donde se encuentra el buda reclinado más grande de Tailandia (46 metros recubiertos de oro, casi nada). Tras disfrutar de este mastodonte, toca cruzar al otro lado del río, donde está el templo Wat Arun, el favorito de mi cámara. Su porcelana blanca y la torre más alta de Bangkok le dan un matiz diferente (estilo Camboya). Estas tres paradas son imperdibles, lo más grandioso e histórico que tiene esta loca ciudad con tantos detalles.

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Budas en el Gran Palacio de Bangkok

Nuestra ruta discurrió en un recomendado barco de pasajeros, éste a precio irrisorio, por el turbio río Cha Praya hacia Chinatown, donde la respiración se corta con los fuertes olores y las transitadas calles donde tienes que ir esquivando cachibaches de todo tipo. Hay que rondar esas aceras para sentir el ambiente de Bangkok en estado puro. Nos dimos un paseo por los centros comerciales, uno en el que no faltaba ni una firma de lujo y otro de imitaciones, ambos similares en diseño, como si el Rastro de Madrid y El Corte Inglés no tuvieran apenas diferencias. Es una alternativa al calor y un vistazo a la vida más urbanita de los tailandeses. Cuando llega la noche, una opción curiosa es pasarse por la calle Soi Cowboy y los mercados nocturnos para pulsar el ambiente a la capital más canalla de Asia, con sus pubs de lucecitas y los famosos ladyboys a sus puertas. Ahí te trasladas a la película Resacón en Tailandia pero sin llegar a tal extremo. Bangkok se puede vivir de muchas maneras, pero si puedes, vívelo.

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El barrio de Chinatown en Bangkok

¿Piensas visitar Bangkok proximamente? Si tienes alguna duda, escríbeme y te intento ayudar. Si ya has estado, puedes compartir tu experiencia y ya de paso, la mía 😉 Gracias, nos vemos en el próximo destino!

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7 comentarios en “Bangkok, tres días de locura asiática

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